Influencias entre ciertas enfermedades del embarazo
El hecho de la gestación o embarazo no hace ni mucho menos que la mujer se vea libre de las enfermedades infecciosas corrientes; pero tampoco que se haga más receptiva a ellas. En lo que respecta a la influencia que el embarazo ejerce sobre las enfermedades infecciosas que pueden presentarse en la gestación, hemos de decir que, sobre todo, si se dan en la segunda mitad de la misma suelen agravar el pronóstico. Así acontece con la viruela, el cólera, fiebre tifoidea, escarlatina y la gripe. Esto se explica por un estado especial, que se traduce por modificaciones sanguíneas, menos resistencia del sistema nervioso y del corazón, por la insuficiencia de los emuntorios, por la disminución de anticuerpos en la sangre y de la inmunidad en general. Aunque tal vez debiéramos hablar más que de deficiencias, de un trabajo mucho mayor por parte de todo el organismo a causa de la formación del nuevo ser.
Pero también las enfermedades infecciosas pueden influir en el embarazo y el puerperio de manera que el embarazo puede resultar interrumpido con tanta mayor facilidad cuanto más graves sean éstas.
La fiebre actúa sobre el útero, que puede entrar en contracción, y sobre el mismo feto, al que perjudica notablemente; pero también las toxinas producidas por los microbios ejercen su acción nefasta.
Las infecciones ejercen su influencia sobre el fruto de la concepción, ya que a causa de su total dependencia de la madre, toda enfermedad de la misma tiene que repercutir ampliamente sobre su desarrollo.
Decíamos antes que la fiebre le resulta incluso fatal cuando se eleva, prolongadamente, por encima de los 40 grados, y con tanta mayor intensidad cuanto más brusca es la elevación. También el feto puede ser contaminado dentro del útero y ser expulsado vivo o muerto.










