Rubéola y embarazo
La rubéola es una enfermedad que, cuando no coincide con la gestación, constituye un proceso totalmente benigno.
Se caracteriza por una inflamación generalizada y no dolorosa de los ganglios —especialmente los de detrás de la oreja y nuca—, por un exantema de tipo sarampionoso o escarlatinoso y por algo de tos, de fiebre y de faringitis.
Cuando la rubéola ataca a una mujer en los primeros meses del embarazo , y con mayor razón si es en las primeras semanas de ésta, puede producirse una infección del organismo fetal. Tal infección se produce por el paso del virus a través de la placenta, el cual, contaminando el fruto, puede causarle muchos y graves daños: muerte del feto seguida de aborto, malformaciones cardíacas, trastornos oculares o auditivos, mudez y otros.
Si una mujer embarazada, o presunta embarazada, ha estado en contacto directo con un enfermo de rubéola, será necesario que consulte con su médico, el cual le aconsejará las pruebas de laboratorio destinadas a conocer su estado inmunitario y de probable enfermedad con respecto a la rubéola mediante la determinación de anticuerpos antirrubéola, y del número de plasmocitos y de linfocitos. El médico prescribirá, casi con toda seguridad, gamma globulinas específicas anti-rubéola, y en su defecto, gamma globulina corriente.
Si la concentración de anticuerpos en la sangre es baja y continúa siéndolo en un segundo examen practicado a los veinte días del primero, se trata de una rubéola antigua; si la cantidad de anticuerpos es alta en los dos exámenes, se trata de una rubéola reciente. En el primer caso, la dosis de gamma globulina, mejor específica, es de 15 a 20 ce, al 16,5 por 100, repartida en dos inyecciones intramusculares con 48 horas de intervalo; en el segundo caso, la enfermedad es manifiesta y la dosis debe ser de 25 a 30 ce, repartida en tres inyecciones intramusculares con 24 horas de intervalo entre ellas.










