
Como resumen de lo anteriormente expuesto, y como preludio de lo que vamos a exponer, podemos decir que los efectos de un régimen inapropiado en cantidad, calidad y modalidad, o según características especiales de la mujer, puede dar lugar a uno o varios trastornos, de los que sólo vamos a enunciar algunos: anemia, edema, polineuritis, decalcificación, partos prolongados, predisposición a las infecciones, y, por tanto, del feto: anemias tardías y a un estado de debilidad congénita, de menos resistencia, que se hará aparente sobre todo a partir del sexto mes, provocando en ocasiones verdaderas catástrofes al sobrevenir la más ligera infección.
Aumento de las necesidades
Aunque sólo sea por el hecho de la formación del fruto, es lógico que las necesidades alimenticias de la grávida aumenten, pero no se crea que este aumento es tremendo, sino que se halla dentro de unos límites que no vacilamos en calificar de discretos y a los que ahora vamos a referirnos numéricamente.
Los autores que se han ocupado de estas cuestiones estiman que el incremento en las calorías corresponde a unas 100-150 durante los primeros cuatro meses; cantidad de calorías que subiría hasta 350-400 en los siguientes. En todo caso, el aumento de la alimentación debe estar comprendido entre un 5 y un 10 por 100 de lo normal, según la actividad física de la embarazada.
Calculo de las necesidades alimentarias.
Para hacer el calculo de los alimentos a ingerir, diremos que primeramente se admite que la gravida necesita aprox 43 calorias por kilo de peso, lo que representa para una mujer española de peso medio de 60 ks un total de 2580 calorias, si el peso de la mujer fuera de 70 ks, es de 3000, y si es de 65, la cifra intermedia.
Proteinas.
La cantidad proteica para una persona adulta normal se considera un gramo por kilo de peso y dia, en la embarazada, y segun la O.M.S, debe ser de un gramo y medio, lo que supone 90 gramos por dia en una mujer de 60 kilos de peso.
Grasas
Se recomiendan cantidades de 1,1 gramos por kilo de peso y día. El interés de estas grasas, repetimos, está, sobre todo, en las vitaminas que suelen vehicular, así como que las grasas pueden sintetizarse en el organismo a expensas de los hidratos de carbono.
Hidratos de carbono
También son necesarios y deben ser administrados en la cantidad de calorías que falten en la dieta.
Y entre deducido e insinuado, ya sabemos que del mismo modo que no conviene que el régimen sea pobre, tampoco conviene que sea abundante, pues que de ese modo se producen sobrecargas funcionales que dificultan el normal fisiologismo de los diversos órganos, en especial hígado y riñon.
Vitaminas
La vitamina A, que en estado habitual es necesaria en cantidad de 5.000 unidades diarias, sube en este estado a la de 10-15.000, también diarias; la de vitamina B, también fundamental, aumenta de 400 unidades a 800-1.000; la vitamina C, que de 50 miligramos pasa a 70-80 miligramos, debiendo prestarle mayor atención en aquellas épocas del año como el invierno y la primavera, en que hay una carencia estacional; la vitamina D, de 300-400 unidades diarias en estado corriente, pasa al de 800-900 al final del embarazo. En la población de las ciudades y en invierno, que hay poco sol, debe ser suplementado el consumo de la vitamina D.
Sales minerales
Entre las sales minerales más importantes hemos de contar con el hierro, el calcio y el fósforo. Según la citada O.M.S., la embarazada necesita diariamente 1,5 gramos de calcio; el niño, un gramo, y el adulto, 0,75 gramos. Como un litro de leche contiene hasta 2 gramos de calcio, nos encontramos con que administrando tres cuartos de litro por día a la embarazada, tiene cubiertas sus necesidades de calcio; también las de fósforo, a causa de la riqueza de la leche en esta sal. Si las mujeres no toman leche, habrá que pensar de qué manera podrían suplementar estas sales en su dieta. Ya nos referimos al estado deficitario del hierro y dijimos que había que ocuparse de su administración, bien natural, bien artificial.