
Náuseas y vómitos
El 50 por 100 de todas las primigestas suelen tener vómitos discretos, en tanto que sólo los padecen el 30 por 100 de las multi-gestas; estos vómitos aparecen con mayor frecuencia en ayunas y al levantarse de la cama, siendo tan frecuentes y precoces que con frecuencia es el primer signo que pone a la mujer sobre aviso de un posible embarazo.
Estos trastornos disminuyen en tiempo de guerra y épocas de dificultades alimenticias, lo cual hace pensar en la sobrecarga que regularmente soportan órganos tan importantes como el hígado y el riñon.
En éstos intervienen también el temperamento nervioso de la mujer, así como posibles estados de mayor o menor autointoxica-ción del organismo materno.
Sialorrea o aumento de la saliva
Aparece este síndrome en algunas embarazadas, produciéndose un aumento de saliva que molesta a la enferma y que con frecuencia se arroja a bocanadas, sobre todo por la mañana al levantarse.
Acideces
Los eructos ácidos y el ardor de estómago son molestias más propias de la segunda mitad del embarazo, a cuyo tratamiento nos referiremos más adelante.
Trastornos del apetito
Al comienzo del embarazo es frecuente una pérdida del apetito o anorexia, pérdida que suele seguirse de un aumento del mismo. Este puede hallarse grandemente aumentado, lo que recibe el nombre de «bulimia»; puede hacerse especial para sustancias no alimenticias, tales como el yeso, etc., lo que recibe el nombre de «pica»; incluso para materias pútridas, malolientes y excrementos (coprofagia); para los sabores fuertes y amargos (malacia), etc.
Antojos
Estos antojos son tan conocidos de todo el mundo como exagerada su importancia. No conviene, dentro de lo lógico y correcto, contradecir a la embarazada. Hay que darle lo que le apetezca y desee, siempre y cuando no represente una torpeza en uno u otro sentido; pero que quede bien sentado que las manchas y figuras que puede presentar el niño a su nacimiento nada tienen que ver con aquellos «antojos» de la madre gestante. Primero, porque algunos animales nacen con manchas semejantes; segundo, porque no hay ninguna razón conocida para que exista correspondencia entre ambos hechos y fenómenos.
Estreñimiento
Este padecimiento aparece con cierta frecuencia en el embarazo, debido, sin duda, a un trastorno en la dinámica del intestino y también posiblemente a una mayor absorción de agua a su nivel; pero no debido a compresiones del útero grávido.
El hecho de la retención de heces puede dar lugar a la formación de masas duras o fecalomas, favoreciendo también el desarrollo de gérmenes, de colibacilos en especial, que producen complicaciones en el aparato urinario.
Hemorroides
Por las razones más arriba señaladas y por los esfuerzos realizados para expulsar esas masas endurecidas, pueden producirse con cierta facilidad hemorroides muy molestas que, después del parto habrán de desaparecer.
Por tanto, como tratamiento de estas hemorraides, asi como del estreñimiento, convendrá que cada dia se evacue el contenido intestinal, educando al órgano en este sentido.
La alimentación será preponderantemente de tipo vegetariano; ya nos explayaremos en el capítulo correspondiente acerca de la alimentación general más apropiada. Si a pesar de estas medidas se presentase el estreñimiento, puede recurrirse a los supositorios de glicerina o también a aquellas sustancias de obtención también farmacéutica, y que ingeridas, y aumentando su volumen en el intestino, producen fáciles deposiciones; no conviniendo someterse a la acción de purgantes, que además de su posible toxicidad, sobre todo para el feto, habitúan al intestino a no trabajar por su cuenta.
Caries dental
Durante el embarazo aparecen con frecuencia dolores en las piezas dentarias, caries iniciales, gingivitis, etc., motivadas, en parte al menos, por cambios locales en la boca y generales en el organismo, acidez, ptialismo, etc.
Se dice que «cada hijo cuesta un diente». En efecto, es frecuente que, al menos, progresen las caries durante el embarazo. Estas caries deben ser cuidadas durante este estado, ya que ese foco infeccioso continúa siendo de gran importancia para la salud de la mujer, más aún en razón de su nuevo estado, ya que hay eminentes médicos que le atribuyen la paternidad de trastornos de gran importancia en la grávida.
Por todo ello, y porque no encierra peligro alguno, no hay ningún inconveniente, antes al contrario, en que una mujer se haga extraer una pieza dentaria que se halle en condiciones precarias.