
A veces resulta desesperante: el niño se queja insistentemente, pero no da ninguna otra pista y los padres dudan si darle importancia o dejar que se le pase. “De hecho suele ser uno de los principales motivas de internación en las emergencias infantiles, a partir de los cinco años”, explica el pediatra Ricardo Escorihuela.
El indicio más revelador es el comportamiento del pequeño: si pierde el apetito, no tiene ganas de jugar o aparecen fiebre o vómitos o si el dolor no cede en 24 horas,
conviene acudir al médico. Algunas pruebas sencillas, mientras se lo mantiene unas horas en observación, suelen despejar enseguida la incógnita.
En los chicos, además, el dolor de panza es la primera forma que tienen de expresar que se sienten mal cuando aún no manejan las palabras adecuadas para explicar sus males. En ocasiones, basta un analgésico suave (paraceta-mol), una dieta blanda y un poco de mimo. Conviene también que ingiera líquidos azucarados.
Le duele mucho y está muy decaído
Lo que más preocupa es que pueda tratarse de una apendi-citis aguda. Pero sólo un diez por ciento de los dolores abdominales agudos esconde un problema de este tipo. En estos casos, es habitual que el dolor se localice en la parte
derecha, por debajo del abdomen, hacia la ingle. Aparece en forma brusca y se va intensificando, y el pequeño se queja mucho al tocarlo. Aunque al principio no suele presentar un cuadro muy llamativo, en cuestión de horas pueden aparecer ciertos síntomas característicos: inapetencia, vómitos, estreñimiento y fiebre muy alta. Provoca, en general, un gran decaimiento.
Es frecuente, sin embargo, que el niño indique un dolor en el costado derecho, porque no sabe delimitarlo o porque se deja influir por la insistencia de los adultos. Los vómitos y la fiebre, desde el primer momento, pueden indicar también una gastroenteritis debida a una infección
por beber agua contaminada o comer alimentos en mal estado, sobre todo si aparece diarrea.
La intoxicación alimentaria más frecuente es la salmonelosis, sobre todo en las estaciones calurosas, por una conservación incorrecta de los huevos, las mayonesas, salsas, cremas de repostería o cremas caseras. A partir de los siete años, pueden aparecer gastritis por la bacteria helicobacter pilori, que hace que el intestino sea más
vulnerable a los trastornos.