El feto constituido: sus características
Características principales
El feto ya «de término», apto para salir al exterior y, por tanto, sujeto del parto, con todos sus órganos formados y aptos para funcionar por sí solos, es un ser perfecto que alcanza los 50 cm. de longitud: longitud que suele ser un poco mayor en los varones que en las niñas, sin que diferencias de 3 ó 4 cm. en esta medida que damos deban ser consideradas como anormales.
El peso varía normalmente dentro de amplios límites: en los varones son frecuentes los pesos entre 3.000 y 4.000 gramos, y de 2.400 a 3.000 entre las niñas; aunque, repetimos, el peso se mueve para ambos sexos entre límites muy amplios. Decimos 4.000 gramos, pero no es infrecuente que aun las niñas den pesos mayores que éste. Claro que estos tamaños y pesos del feto dependen de un sinfín de factores, entre los que sin duda cuentan como importantes la corpulencia de los padres, el número de hijos y la edad de la madre; también influye el grado de nutrición de la madre, el contenido en vitaminas y hormonas de la dieta, las enfermedades de la madre, etc.
Aspecto externo
A la inspección, el feto total y normalmente constituido se nos ofrece con la piel tersa y sonrosada, órganos genitales específicos bien desarrollados, uñas completas, falta de lanugo en la superficie corporal, ausencia de pelos. La grasa se halla bien repartida redondeando el feto, y el cordón umbilical se inserta hacia el centro de la superficie abdominal.
El tronco
Representa éste el 37 por 100 de la total longitud fetal. El cinturón de los hombros es el segundo obstáculo a la salida, si bien después de la cabeza ya no pueda hablarse de obstáculo. Mide 12,5 cm., aunque también es susceptible de conformación o «encogimiento». El cinturón pelviano, con el diámetro bis-ilíaco que lo caracteriza, mide 8 cm. de longitud o anchura, y tampoco suele ofrecer obstáculo a la salida, dado su pequeño diámetro y calibre.
Las extremidades
Estas extremidades, con las proporciones que se aprecian en la figura 39, gozan de una especial movilidad y flexibilidad, lo que, a pesar de ello, no impide en ocasiones y por maniobras extemporáneas, tanto en el parto como fuera de él, fracturas y luxaciones.
La cabeza
Los que por primera vez «reconocen» cuidadosamente una cabeza de recién nacido, suelen experimentar una sensación de temor cuando se encuentran, sobre todo en la parte central y posterior de la frente, una depresión en la que con toda facilidad se hunde el dedo. De modo que en el momento del nacimiento aún quedan zonas —los ángulos de estos huesos, que están sin osificar; tampoco lo están acabadamente los bordes de estos huesos— que después han de engranar y osificar perfectamente. Esto, que parece un fallo de la naturaleza, no es más que un triunfo de la misma, ya que de este modo la cabeza fetal, primero y gran obstáculo para el parto, puede moldearse y dejarse deformar más fácilmente para que mejor se logre su salida.
Debido a esta falta perfecta de osificación vienen a formarse las llamadas suturas entre dos huesos puestos linealmente en contacto. Las fontanelas se forman en la confluencia de varios huesos. Véase figura 38, que explica suficientemente lo que decimos.
















