
Si algún alimento importante le da asco, ¿podría sufrir una carencia grave?
Hoy día, existe tanta variedad de alimentos que no es fácil tener una carencia. Es muy poco probable que una embarazada no pueda consumir ningún tipo de pescado o ninguna clase de lácteo, por ejemplo, y si no pudiera, existen productos alternativos. Las embarazadas que prescindan de algunos alimentos deben consultar con su ginecólogo para que les indique la forma de llevar una dieta equilibrada.
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La alimentación de la embarazada
Cuando se espera un hijo se puede, y se debe, comer de todo, siempre que la alimentación sea variada y equilibrada. La futura madre debe consumir cada día alimentos de todos los grupos en cantidades correctas; debe comer cereales, frutas, verduras y lácteos, y evitar el exceso de grasas animales. La dieta mediterránea es la más equilibrada y recomendable.
¿Qué productos no debe comer? Desde que se planea un embarazo, no debe tomar ningún upo de bebida alcohólica. La única dosis de la que hoy estamos seguros de que no tiene riesgo es cero alcohol. También se deben evitar las comidas preparadas que contengan mucha grasa (hamburguesas y otros productos similares).
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POSTURA CORRECTA
La espalda debe mantenerse erguida, incluso mientras se realiza una labor en cuclillas. Sólo así descargan tensiones la panza y la espalda. Posturas como la de la fotografía obligan al fondo de la pelvis a ceder.
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BUEN TRABAJO CON LA COMPUTADORA
Está descartado que las radiaciones emitidas por las pantallas de computación puedan perjudicar a la mujer embarazada. Pero se sabe que las malas posturas, el tamaño pequeño de la pantalla (debe tener más de 14 pulgadas), la incorrecta posición de ésta y la iluminación inadecuada causan, entre otros trastornos, cansancio, estrés y fatiga visual. Se debe vigilar que la computadora no esté ni de frente ni de espaldas a una ventana. También hay que evitar que la pantalla tenga reflejos y esté colocada a menos de 60 cm de los ojos. El teclado ha de ser algo inclinado y colocado de tal forma que permita a la mano reposar sobre la mesa.
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Embarazada en plena forma
El ejercicio físico activa el sistema circulatorio, mejora el suministro de oxigeno del futuro bebé y ayuda a descargar tensiones. Además, prepara el cuerpo para afrontar el esfuerzo que supone el parto.
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CARGA REPARTIDA
Cuando hay que llevar peso, bien sean las bolsas de las compras o las de la basura, la carga debe distribuirse más o menos por igual sobre ambos brazos. Es importante para no someter la panza o la columna vertebral a una tracción unilateral. Aun así, cargar con bultos demasiado pesados encierra ciertos riesgos, y por lo tanto conviene evitarlos.
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¡A DISFRUTAR DEL TIEMPO LIBRE!
No hay por qué quedarse en casa cuando llegan los fines de semana largos, incluso en el último trimestre de la gestación. Siempre que la embarazada no se embarque en una arriesgada aventura, no hay ninguna contraindicación. Los lugares más idóneos para estas ocasiones son los poco poblados, que invitan al descanso y al sosiego, y los que tienen temperaturas suaves (no más de 30 grados en verano). Si el desplazamiento se realiza en auto, es necesario parar cada dos horas y caminar un poco.
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Ejercicio físico
El ejercicio activa el sistema circulatorio, ayuda al organismo a adaptarse a las alteraciones hormonales y contribuye a mejorar el suministro de oxígeno al bebé. Además es muy eficaz en la prevención de complicaciones, tales como las várices o la trombosis. A la embarazada le interesa también para estar en forma cuando llegue el momento del parto.
No obstante, hay prácticas deportivas que están prohibidas durante la gestación. Es el caso del surf, el esquí acuático y el alpino, la equitación, el tenis, el paddle y el squash. Estos deportes obligan a realizar movimientos bruscos y suponen cierto riesgo de caídas. Sin embargo, no hay ningún problema en hacer cualquier otro ejercicio, siempre que la embarazada lo haya practicado con anterioridad y no caiga en la tentación de competir.
Los ejercicios más recomendados por los obstetras, para quienes habitualmente se mueven poco, son aquellos en los que la ejecutante puede marcar el ritmo, como por ejemplo la gimnasia, andar en bicicleta (con precaución y en pavimentos lisos), bailar, caminar e, incluso, la marcha rápida con moderación. Estos últimos son especialmente relajantes y proporcionan una grata sensación de libertad y tranquilidad. Caminando bien estirada, la panza parece tirar menos al acomodarse mejor y descansar sobre los huesos de la pelvis.
Pero, sin duda alguna, el deporte por excelencia de las futuras madres es la natación. En el agua, el cuerpo sólo pesa la mitad y, al avanzar, el efecto es como si se produjera un masaje en los músculos contraídos.
En estos meses, los tejidos, incluidos tendones y articulaciones, son más propensos a lesionarse porque se ablandan para el parto. Es fundamental no cometer imprudencias, caminar en sitios seguros y calzarse adecuadamente. Lo ideal para estas prácticas es el calzado deportivo de suela anatómica y elástica, muy cómodo, que se adhiera a cualquier piso.
El ejercicio físico es tan importante que, si resultara difícil tener un rato para moverse al aire libre, al menos habría que buscar un hueco en la jornada y dedicarse a trabajar los músculos. Ciertas partes internas de nuestro cuerpo, como el fondo de la pelvis y la vagina, realizarán un gran esfuerzo en el momento del parto. Así que no viene nada mal trabajar sus musculaturas. ¿Cómo hacerlo? No es difícil. Todo consiste en contraerlos tirando del esfínter y la vagina hacia arriba, y relajarlos seguidamente. Este ejercicio tiene la ventaja de que se puede hacer en cualquier momentó y en cualquier sitio, estando sentada o de pie, y sin que nadie lo note.
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Siempre juntos
Para que me conozcas mejor, te diré que soy un órgano de unos 500 gramos, más o menos, de forma redondeada como una pizza, con dos caras: una que mira hacia el bebé “cara fetal” y de la cual sale mi punto de contacto con él (el cordón umbilical). La otra cara, la que se adhiere al útero, es la “cara materna” y es por ese lugar donde me desprendo de ti.
Por último, para que te des cuenta de lo mucho que valgo, te cuento que tu bebé puede salir al mundo gracias a que yo dejo de frenar las contracciones del útero. Yo sé en qué momento debo hacerlo. Ya, a las 38 semanas de embarazo (8 meses y medio), empiezo a hacer los trámites para jubilarme. Lo hago despacito, aviso con tiempo para que él se prepare y no se asuste al salir. No pierdo mi importancia ni siquiera despues de ser alumbrada, pues los médicos, curiosos, investigan el estado en que me encuentro para elaborar conclusiones.
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Esperando la orden de largada
Tengo todo pensado. Te dije que mi deber era albergar al bebé por nueve meses, pero a veces hay más de uno en mi interior y vaya si me dan trabajo. Me estiro y me estiro… para eso soy elástico. A veces siento que es mucha la responsabilidad, porque tengo que conseguir que todas mis células trabajen en sintonía. En ocasiones, algunas de ellas (como las de mi cuello) protestan con dolor porque tienen que hacer mucha fuerza para impedir que nuestro inquilino se vaya antes de lo previsto.
Mientras pasan los meses me voy preparando para el gran momento. Como sé que voy a necesitar mucha fuerza para empujar al chiquilín, voy practicando, por eso hago contraer mis células por grupos, no sea que se me vaya la mano y desaloje al huésped antes de tiempo. Te cuento cómo lo hago. Es un chimento. Yo poseo millones de células, todas dispuestas y preparadas para recibir la orden de contraerse. Siempre firmes, siempre “en tono”, nunca duermen, por eso tengo que tener cuidado cuando practico la contracción. Les ordeno a algunas que se contraigan y a otras les pido que se relajen. De esa manera, al no haber unión, no hay fuerza. Seguramente las percibirás como “durezas” que van y vienen, sin ritmo ni molestias.
Para cuando llegue el gran día tengo preparado un plan. Mis dos partes funcionarán en armonía; mi cuerpo se contraerá y, al mismo tiempo, mi cuello se relajará dilatándose. ¿Cómo lo consigo? La orden de largada se da en las zonas más alejadas del lugar donde se encuentra la placenta. Como esa orden se propaga a una velocidad de más de 15 centímetros por segundo, en dos segundos ya la han recibido todas las células y su respuesta es la contracción. Mantengo la orden por un minuto más o menos y luego “descanso” por dos o tres minutos y después otra vez. Así durante 4, 5 ó 6 horas. Una vez que el bebé ha nacido, me tomo un reposo muy breve, porque enseguida tengo que hacer salir la placenta y después me tengo que ocupar de que no salga sangre desde el lugar donde ella estaba insertada. Como ves, lo mío no es nada fácil.
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