
Ejercicio físico
El ejercicio activa el sistema circulatorio, ayuda al organismo a adaptarse a las alteraciones hormonales y contribuye a mejorar el suministro de oxígeno al bebé. Además es muy eficaz en la prevención de complicaciones, tales como las várices o la trombosis. A la embarazada le interesa también para estar en forma cuando llegue el momento del parto.
No obstante, hay prácticas deportivas que están prohibidas durante la gestación. Es el caso del surf, el esquí acuático y el alpino, la equitación, el tenis, el paddle y el squash. Estos deportes obligan a realizar movimientos bruscos y suponen cierto riesgo de caídas. Sin embargo, no hay ningún problema en hacer cualquier otro ejercicio, siempre que la embarazada lo haya practicado con anterioridad y no caiga en la tentación de competir.
Los ejercicios más recomendados por los obstetras, para quienes habitualmente se mueven poco, son aquellos en los que la ejecutante puede marcar el ritmo, como por ejemplo la gimnasia, andar en bicicleta (con precaución y en pavimentos lisos), bailar, caminar e, incluso, la marcha rápida con moderación. Estos últimos son especialmente relajantes y proporcionan una grata sensación de libertad y tranquilidad. Caminando bien estirada, la panza parece tirar menos al acomodarse mejor y descansar sobre los huesos de la pelvis.
Pero, sin duda alguna, el deporte por excelencia de las futuras madres es la natación. En el agua, el cuerpo sólo pesa la mitad y, al avanzar, el efecto es como si se produjera un masaje en los músculos contraídos.
En estos meses, los tejidos, incluidos tendones y articulaciones, son más propensos a lesionarse porque se ablandan para el parto. Es fundamental no cometer imprudencias, caminar en sitios seguros y calzarse adecuadamente. Lo ideal para estas prácticas es el calzado deportivo de suela anatómica y elástica, muy cómodo, que se adhiera a cualquier piso.
El ejercicio físico es tan importante que, si resultara difícil tener un rato para moverse al aire libre, al menos habría que buscar un hueco en la jornada y dedicarse a trabajar los músculos. Ciertas partes internas de nuestro cuerpo, como el fondo de la pelvis y la vagina, realizarán un gran esfuerzo en el momento del parto. Así que no viene nada mal trabajar sus musculaturas. ¿Cómo hacerlo? No es difícil. Todo consiste en contraerlos tirando del esfínter y la vagina hacia arriba, y relajarlos seguidamente. Este ejercicio tiene la ventaja de que se puede hacer en cualquier momentó y en cualquier sitio, estando sentada o de pie, y sin que nadie lo note.
Etiquetas:
ejercicios para el embarazo,
ejercicios para embarazadas

Siempre juntos
Para que me conozcas mejor, te diré que soy un órgano de unos 500 gramos, más o menos, de forma redondeada como una pizza, con dos caras: una que mira hacia el bebé “cara fetal” y de la cual sale mi punto de contacto con él (el cordón umbilical). La otra cara, la que se adhiere al útero, es la “cara materna” y es por ese lugar donde me desprendo de ti.
Por último, para que te des cuenta de lo mucho que valgo, te cuento que tu bebé puede salir al mundo gracias a que yo dejo de frenar las contracciones del útero. Yo sé en qué momento debo hacerlo. Ya, a las 38 semanas de embarazo (8 meses y medio), empiezo a hacer los trámites para jubilarme. Lo hago despacito, aviso con tiempo para que él se prepare y no se asuste al salir. No pierdo mi importancia ni siquiera despues de ser alumbrada, pues los médicos, curiosos, investigan el estado en que me encuentro para elaborar conclusiones.
Etiquetas:
la placenta en el embarazo,
placenta previa parcial

Esperando la orden de largada
Tengo todo pensado. Te dije que mi deber era albergar al bebé por nueve meses, pero a veces hay más de uno en mi interior y vaya si me dan trabajo. Me estiro y me estiro… para eso soy elástico. A veces siento que es mucha la responsabilidad, porque tengo que conseguir que todas mis células trabajen en sintonía. En ocasiones, algunas de ellas (como las de mi cuello) protestan con dolor porque tienen que hacer mucha fuerza para impedir que nuestro inquilino se vaya antes de lo previsto.
Mientras pasan los meses me voy preparando para el gran momento. Como sé que voy a necesitar mucha fuerza para empujar al chiquilín, voy practicando, por eso hago contraer mis células por grupos, no sea que se me vaya la mano y desaloje al huésped antes de tiempo. Te cuento cómo lo hago. Es un chimento. Yo poseo millones de células, todas dispuestas y preparadas para recibir la orden de contraerse. Siempre firmes, siempre “en tono”, nunca duermen, por eso tengo que tener cuidado cuando practico la contracción. Les ordeno a algunas que se contraigan y a otras les pido que se relajen. De esa manera, al no haber unión, no hay fuerza. Seguramente las percibirás como “durezas” que van y vienen, sin ritmo ni molestias.
Para cuando llegue el gran día tengo preparado un plan. Mis dos partes funcionarán en armonía; mi cuerpo se contraerá y, al mismo tiempo, mi cuello se relajará dilatándose. ¿Cómo lo consigo? La orden de largada se da en las zonas más alejadas del lugar donde se encuentra la placenta. Como esa orden se propaga a una velocidad de más de 15 centímetros por segundo, en dos segundos ya la han recibido todas las células y su respuesta es la contracción. Mantengo la orden por un minuto más o menos y luego “descanso” por dos o tres minutos y después otra vez. Así durante 4, 5 ó 6 horas. Una vez que el bebé ha nacido, me tomo un reposo muy breve, porque enseguida tengo que hacer salir la placenta y después me tengo que ocupar de que no salga sangre desde el lugar donde ella estaba insertada. Como ves, lo mío no es nada fácil.
Etiquetas:
crecimiento utero embarazo,
utero grande en el embarazo

Un calido nidito
Aún no se había acostumbrado a la penumbra cuando un susurro la estremeció.
“Ssshhh… silencio, que el bebé está durmiendo. ¿Asi que quieres saber sobre nosotros? Bien. Te contaremos todo, ¿verdad?”, dijo una voz, mientras recibía el asentimiento de otras tres voces.
Comenzaré yo, el útero. Fui creado para permitir que los bebés crezcan y se desarrollen dentro del organismo materno, hasta que sean capaces de sobrevivir por sí mismos. Me conocen también con el nombre de matriz. Estoy escondido en la pelvis materna, con mis amigos de toda la vida: la vejiga hacia adelante; el recto por detrás y a ambos lados los mentados ovarios.
Pero no todo es oscuridad aquí adentro; puedo mirar hacia afuera a través de un tubo de 7 centímetros de largo: la vagina. Dentro de mí, el bebé crece tranquilamente hasta que sus pulmones estén en condiciones de respirar el oxígeno del aire y también pueda regular su temperatura corporal sin enfriarse. Me acusan de ser un órgano cascarrabias, porque no soporto nada en mi interior: todo lo que me introducen me provoca contracciones. Sin embargo, tolero a cada chiquito que se la pasa dándome pataditas todo el tiempo, y no digo nada. Y no sólo eso, además aumento mi tamaño para permitir su crecimiento hasta que madure.
Etiquetas:
cuello del utero en el embarazo,
utero en el embarazo

Un lugar en el mundo
Lo cierto es que las circunstancias en que un hijo puede llegar al mundo son tantas y tan diversas como hombres y mujeres habitan la tierra. Desde ya que según sea el caso, quienes sean los testigos del hecho y con que ganas se espere al bebé, el desenlace puede variar. Tanto, como los afectos que se jueguen durante esos largos nueve meses. Sin embargo, debemos saber que cada vez que se produce un embarazo, queriendo, sin querer o por “accidente”, es porque existe un fuerte deseo inconsciente por parte de la madre. Aunque ella ni siquiera lo imagine. Lo más importante es que al final de la historia, haya sido “buscado” o no, el bebé termine siendo un hijo que pueda encontrarse. En primer lugar, con su madre. Y en lo posible, también con su padre y sus hermanos. Porque se trata de un niño que, finalmente, pudo encontrar su lugar en el mundo.
Etiquetas:
el embarazo,
pruebas de embarazo

Seguramente, las mamas que quedan embarazadas apenas dejan de cuidarse nunca sabrán lo dichosas que deberían considerarse. Porque a las otras, a las que esperan, y en esa tensa espera desesperan, las cosas se les hacen harto más complicadas. Pasan los meses, y cada menstruación es motivo de llanto, de tristeza, de pelea con el cónyuge por nimiedades. Solamente por la frustración de que, otra vez, no fue.
Etiquetas:
quedar embarazada,
trucos para quedarse embarazada

Ombligos embarazados
No todos los ombligos se comportan de igual manera durante la gestación. Algunas embarazadas ven cómo, a medida que pasan los meses, su ombligo pareciera esfumarse, debido al notable estiramiento de la piel. Muchas otras, en cambio, notan con sorpresa que su ombligo sale hacia afuera. En efecto, es notorio cómo este hoyito pasa a ser -en cuestión de días- una curiosa prominencia que va cobrando mayor protagonismo a medida que la panza avanza. Pero no solo llama la atención a simple vista, sino también al tacto: se pone blando, suave y tan mullido como una almohadilla.
Etiquetas:
ombligo de embarazada,
ombligo embarazo

El ombligo es la primera cicatriz de todo ser humano, fruto del corte del cordón umbilical que nos ligaba a nuestra madre. Una impronta que llevaremos de por vida. Una “marquita” que parecería estar señalando el centro de nuestro cuerpo. Los hay de diversas formas. Hundidos. Superficiales. En forma de nudo. Tímidos y extrovertidos. Chiquitos, y más generosos.
El ombligo en 40 semanas
No hace falta insistir en este punto: las transformaciones que el cuerpo de una mujer manifiesta a lo largo de los nueve meses de gestación son infinitas. Y el ombligo, a pesar de su diminuto tamaño, no escapa a estos cambios.
Aproximadamente en la semana 20, empieza a hacerse visible el embarazo. A partir de entonces, la panza crece a un ritmo vertiginoso y alcanza dimensiones que jamás hubieras imaginado. Lo que sorprende de verdad es la capacidad de la piel de acompañar este crecimiento. Precisamente, debido a este aumento del abdomen y al estiramiento de la piel de esta zona, tu ombligo sufre algunas modificaciones.
Etiquetas:
el ombligo,
perforaciones en el ombligo

Nueve meses son bastantes meses y, en todo este tiempo, muy rara es la embarazada que no se tope con los pesados consejos de alguno que otro experto en el tema “futura mamá”. Las recomendaciones suelen ser de lo más variadas: desde la clásica “No te conviene subir tantas escaleras” (soportable si lo escuchas una vez, pero no veinte) hasta algunas tan singulares como “Las náuseas se te irán comiendo ajos crudos” (¡puaj!).
Por supuesto, hay ocasiones en que los comentarios de los conocidos resultan interesantes porque te resuelven algún problemita puntual. Pero la mayoría de las sugerencias (para qué nos vamos a engañar) no sirve para nada y, algunas, hasta molestan.
¿Por qué me aconseja? ¿Cuánto sabe? Pero el colmo de los colmos es que, en el fondo, los consejeros suelen tener buena intención y, a pesar de lo que molestan con sus instrucciones, te sientes en la obligación de responderles con prudencia (en vez de mandarlos a freír churros, que es lo que de verdad te gustaría en ese momento). Y encima, como si tal esfuerzo fuera insignificante, después en tu casa estás todo el día recordando y, al final, abres la heladera y te comes un par de ajos, por si las moscas.
Como esta situación resulta tan frecuente, se impone la necesidad de distinguir entre las sugerencias bien orientadas y las erróneas. En general y como medida de precaución, antes de tragarse un ajo sería muy conveniente:
• Evaluar los conocimientos reales de esa persona en materia de embarazo. Es decir, cuando te aconseja la partera, conviene hacerle caso, pero si se trata de alguien sin competencia, mejor olvidarse.
• No hacer caso a los mensajes procedentes de mujeres que tuvieron una mala vivencia de su gestación.
• No escuchar a quienes desconocen nuestro estado de salud en profundidad (lo que suele ocurrir la inmensa mayoría de las veces) porque un mismo remedio no es útil para todo el mundo.
Los entrometidos actúan casi siempre con la mejor de las intenciones así que lo más inteligente es contestar con una sonrisa amable (aunque en privado no le hagas caso). Sin embargo, también hay personas que, a pesar de su indudable buena intención, te machacan todos los días con el mismo comentario (“Estás comiendo muy poco últimamente, ¿no te das cuenta que ahora hay que alimentar a dos?”). Este tipo de consejeros pueden requerir una respuesta contundente… e inspirada.
Responder con conocimiento de causa (“El médico dice que comer por dos favorece el sobrepeso”) suele dar un excelente resultado (cuando empezamos la frase por “El médico dice…” la gente cierra la boca). También están esas mujeres candorosas que te persiguen porque, en el fondo de su corazón, están buscando una excusa para contarte su propio embarazo.
Con estas personas funciona ignorar el comentario en cuestión y preguntar directamente por lo que les ocurrió a ellas. Más de una vez comprobaremos que después se olvidan de nosotras para siempre.
Etiquetas:
embarazadas,
mujeres embarazadas

La embarazada y los accidentes hogareños
Deben extremarse al máximo todas las medidas que tiendan a evitarlos.
Si una caída de bruces es un riesgo para cualquiera, para una embarazada puede ser el comienzo de una complicación mayor. Un golpe intenso puede producir hemorragias, contracciones e inclusive desencadenar un parto prematuro. De ahí que en el hogar de la embarazada deban extremarse al máximo todas las medidas que tiendan a evitar este tipo de accidentes. No es necesario ni conveniente que el piso brille como una joya, y ni hablar de los peligrosísimos “patines” de felpa que deben archivarse por un largo tiempo: un exceso de cera facilita las patinadas. No debe olvidarse que la embarazada tiene un precario equilibrio debido al mayor peso que soporta por delante de su columna vertebral.
Con mucha precaución
Habrá que tener especial cuidado en no dejar en el medio del camino andadores, sillitas de paseo o juguetes (ni grandes ni pequeños) desparramados por el piso. En esta tarea de orden permanente -casi
una rutina cuando hay pequeños en el hogar- deben colaborar todos, inclusive los hijos menores a los que se les debe enseñar ser cautelosos en la medida de su capacidad de comprensión.
Asimismo, debe evitarse la colocación de artefactos eléctricos con cables cruzando por medio de los ambientes. Todos éstos son potenciales obstáculos que pueden provocar una caída (recordemos que la panza impide una buena visión de lo que se está pisando).
Tareas tales como guardar objetos en la parte alta del placar, parada sobre una silla o una endeble escalerilla, están absolutamente prohibidas en el embarazo. Correr a atender la puerta o el teléfono puede ser motivo de una caída. Una idea práctica es llevar -si fuera posible- un teléfono inalámbrico siempre consigo (sin pretender hacer con la mano libre todo lo que ha-bitualmente requiera dos). Pedir ayuda para subir o bajar objetos pesados de un automóvil -hijos incluidos- puede evitar sustos innecesarios. Es bueno tratar de movilizarse siempre verticalmente en ascensor y, si no hay más remedio, subir o bajar por la escalera (especialmente en el descenso). Pero la embarazada debe hacerlo lo menos posible y despacio, escalón por escalón, mirando bien dónde apoya sus pies, tomada del pasamanos.
Etiquetas:
la embarazada,
la mujer embarazada,
la regla embarazada,
la regla embarazo