Toxoplasmosis y embarazo
La toxoplasmosis es un padecimiento provocado por un protozoario patógeno, el toxoplasma Gondii, común al hombre y a la mayor parte de los animales de sangre caliente.
Este parásito se desarrolla en el citoplasma de las células vivas, especialmente en las del sistema retículo-endotelial.
La toxoplasmosis ofrece la particularidad de apenas producir trastornos en la persona adulta; por el contrario, el feto infestado de toxoplasmosis puede padecer varios y graves disturbios. De ahí la importancia de esta afección durante el embarazo.
La mujer que padece de toxoplasmosis crónica no contagia al feto. El contagio de éste sólo tiene lugar cuando la madre contrae la parasitosis durante el embarazo. El fruto de otros embarazos no resultará contagiado.
La infección del hombre es de origen alimentario. Los parásitos enquistados en la carne de cordero y de cerdo, sobre todo, son ingeridos con las carnes mal cocidas y más aún si son «sangrantes». Las formas de resistencia que aparecen en el intestino del gato son diseminadas en el suelo con sus deyecciones, y pueden contaminar los alimentos vegetales.
Durante la fase aguda de la infección, los parásitos se reproducen y se dispersan en el organismo.
Durante la fase crónica, los parásitos se enquistan en los tejidos del individuo, y ambos se toleran recíprocamente. Pero si esa fase de inmunidad o de equilibrio no llega a establecerse, la infección evoluciona y se observa una fase subaguda, origen de accidentes.
Esta deficiencia inmunitaria en el feto sería la causa de la evolución subaguda de la infección en el mismo y de sus lesiones nerviosas y oculares.
Veamos cuál es la frecuencia de la toxoplasmosis según las diferentes edades y su incidencia sobre el embarazo.
A los 7 años, el 50 por 100 de la población se halla contaminado; a los 20 años, el 80 por 100 y, a los 35 años, el 90 por 100.
De modo que de cada 100 embarazadas, 84 han sufrido la enfermedad, aún de modo inaparente, y no corren ningún riesgo, así como tampoco el fruto.
Por el contrario, el 16 por 100 corren el riesgo de una infección toxoplásmica durante el embarazo, con graves riesgos para el feto. Estos datos son válidos en los países en que se come mucha carne y está mal cocida.
La toxoplasmosis de la mujer embarazada puede no dar ningún síntoma aparente, o darlos tan escasos que pasen inadvertidos. En otras ocasiones se presenta un estado infeccioso moderado, con aparición de pequeñas manchas y una neutropenia y mononucleosis sanguínea. Más frecuentes aunque también pueden pasar inadvertidos por la embarazada, son los pequeños ganglios en la parte superior del cuerpo y alguna pérdida sanguínea.



















