
Bebidas alcohólicas y embarazo
Si las bebidas alcohólicas en todas sus formas, vino, cerveza, sidra, aperitivos, etc., son desaconsejables en el hombre y la mujer sanos, tanto y más lo serán en la mujer embarazada. Efectivamente, buen número de tóxicos —y el alcohol es uno de ellos— atraviesan la «barrera placentaria» y pasan al feto, dañándolo considerablemente. Por otra parte, al reducir el apetito en la madre, se producen carencias de factores esenciales en la alimentación, tales como la de la vitamina B. Estas carencias, asociadas a otras intoxicaciones como la producida por el tabaco, son origen de nacimientos prematuros con todos los riesgos que ello entraña.
Se ha demostrado que, en la mujer embarazada que ingiere bebidas alcohólicas, el alcohol pasa rápidamente al feto, en cuya sangre y líquido amniótico se encuentra muy poco tiempo después.
Experimentando con pollitos y cobayas, se han obtenido pollos afectos de monstruosidades, y cobayas con lesiones nerviosas o que morían antes de nacer.
El alcohol que, ingerido por la madre, pasa al feto, ejerce sobre todo su acción perniciosa sobre el sistema nervioso en formación del nuevo ser. Nada de extraño que, en los humanos, la intoxicación alcohólica de la madre sea el origen de taras cerebrales, de malformaciones, e incluso de muertes fetales. La estadística de Denam es muy demostrativa. Sobre 57 hijos de alcohólicos, encuentra 26 fallecidos de pequeños, 4 con malformaciones al nacimiento, 6 idiotas, 5 raquíticos, 5 epilépticos, 1 afecto de corea y sólo 10 aparentemente normales. Por el contrario en 61 niños hijos de padres no bebedores, las proporciones entre anormales y normales se hallaban invertidas: 50 normales, 5 muertos de pequeños, 2 con malformaciones y 4 con trastornos nerviosos. Estas estadísticas y cifras son tan elocuentes que no necesitan de mayores comentarios.
En lo que concierne a la madre que «bebe» y que amamanta a su hijo, hemos de decir que el alcohol también pasa a la leche, pu-diendo ser causa de agitación y de crisis convulsivas en el niño.
Tabaco y embarazo
Sabemos que la nicotina del tabaco y otros tóxicos que la acompañan, son venenos violentos tanto para el hombre como para el animal. Los gases que se desprenden al fumar, alteran la composición de la sangre, reduciendo en la madre y en el feto la normal utilización del oxígeno del aire. El tabaco produce palpitaciones en el corazón y una disminución del calibre de los vasos sanguíneos, lo cual repercute en la distribución de la sangre en la placenta y, consecuentemente, en la nutrición del feto.
El uso del tabaco exige un mayor consumo de vitamina C y B, lo cual se halla en contradicción con la pérdida de apetito que produce. Ello va en detrimento tanto de la madre como del hijo.
Se ha comprobado, además, que la prematuridad, en el nacimiento de niños bastante antes del tiempo normal de gestación, se presenta con más del doble de frecuencia en las mujeres fumadoras que en las que no lo son. El peso de los niños también es menor en los hijos de las primeras que en los de las segundas. Los niños de las fumadoras son, además irritables y nerviosos, duermen mal y caen más frecuentemente enfermos.
Relaciones sexuales
Son éstas particularmente peligrosas en los comienzos de la gestación, en que congestiones eróticas podrían provocar el desprendimiento del huevo, y también en el último trimestre, en que fácilmente se podría infectar la cavidad vaginal y provocar un parto prematuro.
Sin duda, la conducta más correcta consistiría en la abstención total durante todo el tiempo de la gestación, como ocurre en ciertos animales; en todo caso, sería de desear una considerable distanciaron de las aproximaciones, con abstención total hacia el último trimestre de la gestación.