
¿Será tan emocionante como el primero?
“Creía que no iba a sentir lo mismo que cuando di a luz la primera vez”, dice Lucía, mamá de un nene de tres años y una beba de tres meses. “Estaba mucho más tranquila, porque sabía todo lo que iba a pasar. Además, quería tanto al más grande que me parecía imposible sentir lo mismo por el segundo. Pero me equivoqué. En cuanto vi la carita de Romina, todo cambió. La emoción fue tan intensa como cuando nació Maximiliano.”
Testimonios como los de Lucía son bastante habituales. Y es que algunas mamas creen que no es posible emocionarse tanto en el segundo parto como en el primero, y después descubren que no es así. Pero también hay madres que reconocen que, a pesar de que sintieron una gran felicidad al conocer al nuevo bebé, ese momento no fue tan especial como el vivido con el primero.
Para los especialistas, la explicación de esto es sencilla: al haber un hijo mayor al que atender, la mamá tiene menos tiempo para ocuparse de su embarazo y para pensar en el nacimiento y en cómo será el nuevo bebé. Y aunque ese hijo sea tan deseado como el primero, el factor de la curiosidad y el de estrenarse como madre ya no existen. Ninguna mujer debería reprocharse estos sentimientos, ya que, a juicio de los especialistas, son completamente normales.
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¿Se repetirá la cesárea?
Las mujeres que sufrieron una cesárea en el primer parto suelen preguntarse si ésta será necesaria también en los siguientes nacimientos. Eso depende mucho de las causas que motivaron la primera intervención y de las complicaciones que puedan presentarse en el segundo parto. Hay casos en los que esta operación siempre será obligada: si la madre tiene la pelvis estrecha, existe desproporción entre ésta y el diámetro de la cabeza del bebé, o cuando la criatura se encuentra atravesada.
Si, por el contrario, la primera cesárea se debió a un problema de dilatación, o a que el parto no progresaba (en este caso también habría que conocer las causas), eso no tiene por qué repetirse en el segundo. En cualquier caso, si no existen condicionantes ni problemas previos, el obstetra intentará un parto vaginal.
La posibilidad de que el segundo bebé nazca sin cesárea suele ser un motivo más de ilusión para la gestante. En caso de que la intervención deba repetirse (a veces se sabe con anticipación) y eso sea un motivo de tristeza o frustración, la madre debe evaluar la opción de solicitar que le administren anestesia peridural, lo que le permitirá estar consciente durante la operación y ver nacer a su hijo.
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La experiencia anterior condiciona
La parturienta no siempre llega a la maternidad con tanta serenidad para el segundo hijo. También hay embarazadas que esperan atemorizadas el momento del parto, la mayoría de las veces porque la experiencia anterior no fue buena (fue un parto muy largo, complicado, con un desenlace dramático…).
En estos casos, es importante superar ese miedo, y pedir ayuda a un especialista si es necesario. Todos los médicos coinciden en aconsejar que concurran a los cursos de preparación para el parto en cada embarazo. En estas clases, la gestante aprende que no todos los partos son iguales y que la experiencia negativa no tiene por qué repetirse. Además, seguir un curso de educación maternal es conveniente siempre, entre otras razones, para recordar conocimientos que pueden haberse olvidado (por ejemplo, sobre relajación y respiración).
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¿Cuándo salir hacia el hospital?
En el segundo parto todo transcurre más rápido; por eso, no conviene confiarse. Se debe ir a la maternidad cuando las contracciones sean rítmicas y frecuentes, sin esperar a que sean muy seguidas (cada 8-10 minutos, por ejemplo). En la clínica podrán confirmar si el parto ha comenzado o es una falsa alarma. También hay que concurrir sin demora si se ha roto la bolsa o se aprecian pérdidas de sangre.
El proceso de dilatación y expulsión en las multíparas suele ser mucho más corto que en las primerizas: el primer parto dura alrededor de 8 horas o más, mientras que el segundo puede durar unas 5 o 6.
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Se vive con menos miedo
En la evolución del parto no intervienen sólo factores físicos. Esta puede verse favorecida o perjudicada por aspectos psicológicos (está demostrado que los sentimientos y estados de ánimo influyen
mucho en el proceso fisiológico). Normalmente, cuando se trata del segundo parto, la mamá se enfrenta a esta experiencia con menos inquietud y más seguridad; no tiene el típico temor a lo desconocido de las primerizas (ya sabe qué va a ocurrir).
La tranquilidad de la madre repercute positivamente en la marcha del parto, que no se va a ver interferido por la aparición de las catecolaminas que produce el organismo cuando se tiene miedo. La serenidad también ayuda a que la parturienta pueda respirar mejor. Eso favorece una correcta oxigenación, que resulta beneficiosa tanto para los músculos (si están oxigenados se contraen mejor), como para el bebé.
Por su parte, los papas también suelen asistir al nacimiento del segundo hijo menos nerviosos y más confiados. Y según las mamas, pueden ayudar mucho más que la primera vez.
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¿Y si es muy lento?
Aunque ninguna mujer desea tener un parto que avance despacio, lo cierto es que no es algo tan horrendo. Si bien estos nacimientos resultan un poco más pesados y agotadores, mientras se confirme que el proceso avanza y el bebé se encuentra bien, no implican riesgo.
¿Puede hacer algo la gestante para acelerar el parto? En realidad, no demasiado. Sólo tranquilizarse y caminar un
poco. Al parecer, caminar acelera la dilatación de forma natural. Además, algunos hospitales disponen de monitores especiales que permiten a la parturienta incorporarse y dar unos pasos. Si no puede pasear, es preferible que permanezca sentada.
Pero cuando pasan las horas y el nacimiento no avanza, el médico tiene que intervenir. Debe realizar el diagnóstico sobre cuál es la causa del trastorno. No pueden hacerse indicaciones generales: la experiencia del obstetra decidirá cuál es el camino que se debe seguir.
En cualquier caso, sea cual sea la duración de éste, la experiencia suele resultar igualmente emotiva. Una vez que la mamá tiene al bebé en brazos, las molestias y el cansancio pasan pronto a un segundo plano.
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Factores que influyen
Claro que siempre pueden surgir circunstancias fisiológicas que alarguen el proceso. En el caso de bebés muy grandes o situados muy alto, la evolución suele ser más lenta. Lo mismo ocurre con las presentaciones difíciles (si la criatura viene de cara, de nalgas, de pie…) o cuando las contracciones son débiles y poco eficaces.
Por otra parte, el primer hijo suele tardar más en nacer (a veces, incluso, el doble) que el segundo y los posteriores. Esto se debe a que, en las primíparas, el cuello del útero tiene que borrarse antes de empezar a dilatarse. Sin embargo, en los partos consecutivos, se borra y dilata a la vez, lo cual representa un ahorro de tiempo. Como, además, las multíparas tienen los músculos del periné no tan tensos, el período expulsivo resulta también más corto.
Aunque se haya vivido un primer parto breve o muy lento, no hay por qué temer que la situación se repita. En genera], la duración de un nacimiento no suele determinar la del siguiente.
¿Mejor que sea rápido?
La mayoría de las embarazadas piensa que lo mejor es terminar cuanto antes. Por supuesto, si en lugar de ocho horas de contracciones, se emplean sólo cuatro, el ahorro es considerable.
Sin embargo, los nacimientos demasiado apresurados (los que duran menos de dos horas) implican un aumento de riesgos. Se caracterizan por presentarse dilataciones extremadamente rápidas (a veces no hay tiempo de llegar al hospital), con contracciones muy seguidas e intensas que dejan exhausta a la parturienta y pueden recortar en exceso el aporte de oxígeno que necesita el bebé.
Por suerte estas situaciones son raras y con frecuencia las conocemos a través de los medios de comunicación. Suelen protagonizarlas grandes multíparas (mamas de más de cuatro hijos) que poseen una dilatación más rápida.
Sin embargo, no todas las grandes multíparas tienen siempre partos precipitados.
En varias ocasiones hasta ocurre lo contrario: si el desgaste progresivo de los tejidos ha causado flacidez muscular, las contracciones son menos efectivas y el proceso, más prolongado.
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Un cálculo aproximado El personal que atiende a la parturienta necesita orientarse en el tiempo. Por eso, en cuanto llega al hospital, el obstetra efectúa la primera exploración: verifica si se ha borrado el cuello uterino, su consistencia y posición; además, observa el grado de dilatación, la fuerza e intensidad de las contracciones, y el descenso de la cabeza del bebé. Estos datos representan una referencia importante para averiguar en qué fase del parto se encuentra la gestante.
Posteriormente, el médico continúa realizando revisiones similares de forma periódica. También explica a la embarazada cómo va progresando el parto y cuánto tiempo falta aproximadamente para el período expulsivo.
Para algunas mujeres las contracciones son difíciles de soportar y los minutos les parecen eternos, pero a otras les sucede lo contrario. Si un parto largo resulta tolerable (o incluso indoloro, si se usa anestesia peridural), la protagonista no está tan pendiente del reloj.
La percepción del tiempo es algo personal y depende, en gran parte, del estado de ánimo y la disposición de la gestante. Estos aspectos se trabajan a fondo en los cursos de preparación para el parto. Por eso es importante seleccionar uno de calidad y asistir de forma regular. Las clases ayudan a superar el miedo y son un entrenamiento muy efectivo. La buena formación revierte en nacimientos más llevaderos y de menor duración.
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LAS FASES DEL PARTO
Periodo prodromico (preparatorio)
■ Duración: Varios días.
■ Contracciones: Son irregulares, de poca intensidad e indoloras. A veces desaparecen durante horas y luego vuelven a manifestarse. Se supone que el parto ha comenzado cuando la mujer nota que se presentan de forma regular y no ceden descansando. Entonces, el cuello uterino se habrá borrado y la dilatación será de 2 ó 3 cm.
dilatación
■ Duración: De seis a ocho horas en primíparas (primerizas), y de cuatro a seis en multíparas (ya tienen hijos).
■ Contracciones: Resultan más molestas. Al final de este período el cuello del útero llega a alcanzar su dilatación máxima, es decir, 10 centímetros.
expulsivo
■ Duración: Hasta una hora en madres primíparas,y entre 15 y 30 minutos en multíparas.
■ Contracciones: Se vuelven más intensas y vienen muy seguidas. En este período nace el bebé.
alumbramiento
■ Dura: entre 5 y 10 minutos, que es el tiempo que pasa desde que nace el bebé hasta que sale la placenta.
■ Contracciones: Se producen una o dos, poco después del expulsivo. Son prácticamente indoloras y su finalidad es desprender la placenta de la cavidad uterina.
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Que el parto sea largo o corto depende de las circunstancias fisiológicas, de la preparación de la madre, de su estado de ánimo…
Uno de los deseos más anhelados por la mayoría de las embarazadas es, sin duda, que el bebé tarde poco tiempo en nacer. Pero los partos rápidos no resultan siempre tan fabulosos (ni tan horribles, los lentos) como, a veces, se cuenta. Por fortuna, al margen del tiempo, la llegada del hijo representa siempre una vivencia emocionante y compensa el esfuerzo realizado.
Nadie puede saber con anticipación cuánto va a durar su parto. Cada mujer y cada nacimiento tienen su tiempo. En algunas ocasiones, la dilatación progresa rápidamente y a ritmo constante, y otras se estanca de pronto y luego continúa con normalidad. También cabe la posibilidad de que avance despacio, pero sin interrupción, desde el primer momento.
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