
Vendaje y fajado del abdomen No cabe duda que después del parto las cubiertas abdominales quedan un poco amplias sobre su contenido. No conviene hacerse muchas ilusiones acerca del papel de los vendajes o fajas para que todo vuelva a casi como estaba antes; esto se deberá más bien a otra serie de circunstancias anteriores y posteriores al acto del parto en sí, sobre todo al tipo constitucional de la mujer y al tipo de educación a que hayan estado sometidos los músculos.
Digamos desde ahora que poco debe esperarse de un vendaje; de todos modos, la que tenga fe en él, que se lo ponga o que se lo haga poner…; no queremos ser responsables de ninguna eventración ni de ningún vientre voluminoso. Más eficaz parece una faja especial, que no siendo imprescindible cuando está en cama, sí lo será al levantarse y volver a la vida normal; entonces sí convendrá ayudar a los músculos a que sujeten las visceras y se mantengan en su lugar.
Temperatura En la puérpera habrá que ejercer una vigilancia constante sobre la temperatura. Al terminar el parto sobreviene aquel escalofrío que explicábamos, en cuyo momento la fiebre se eleva a 38°. Hacia el cuarto día vuelve a haber otra subida semejante, debido esta vez a aquella pululación de gérmenes a que antes nos referíamos, y que sin producir infección puerperal, aumentan la temperatura a expensas de las toxinas que desprenden: liberación de toxinas que puede incluso conducir al síndrome de sapremia puerperal o intoxicación bacteriana.Se habla muchas veces de «la subida de la leche», achacándole un aumento de la temperatura, es decir, la producción de fiebre; nada más inexacto. A esta fiebre se le llama también «pelo» —vulgarmente al menos—, porque la gente creía que la mujer se había tragado un pelo que había ¡do a obstruir la salida de la leche; en aquellos tiempos en que las mujeres solían tener el cabello largo y acostumbraban morderlo durante las contracciones uterinas del parto.Fiebre puede producirse por un estreñimiento, que obraría más bien por compresión, dificultando la salida al exterior de los loquios uterinos.
Pulso El pulso de la puérpera suele disminuir a partir del momento en que comenzó a serlo, teniendo 60-70 pulsaciones por minuto. También debe vigilarse la calidad de las pulsaciones.
Sangre Durante el puerperio existe una anemia, anemia que es fisiológica y debida a la pérdida de sangre por el parto y a la entrada en el aparato circulatorio del agua que «encharcaba» más o menos los tejidos de la mujer.
Orina Esta aumenta en cantidad, y ello es debido a esa absorción del líquido de edema o de imbibición extraordinaria a que aludíamos en el párrafo anterior; de modo que vienen a eliminarse de un litro y medio a dos litros de orina por veinticuatro horas.
Deposiciones Ya hemos dicho más arriba, a propósito de la fiebre en el puerperio, que puede haber estreñimiento.
El peso El peso de la mujer desciende notablemente con respecto al que presentaba al final de su embarazo, y ello por razones que se comprenden fácilmente… y también por otras. Por la expulsión del feto, membranas, placenta, líquido amniótico y sangre, aproximadamente, 6 kilogramos en la primera semana; por reabsorción de edemas y eliminación por la orina, así como por la involución de edemas, un kilogramo y medio aproximadamente; de la segunda a la octava semana, por involución o disminución del útero, hígado y corazón principalmente, 400 gramos; todo lo cual hace un total, aproximado de 7 kilogramos 900 gramos.