
La experiencia anterior condiciona
La parturienta no siempre llega a la maternidad con tanta serenidad para el segundo hijo. También hay embarazadas que esperan atemorizadas el momento del parto, la mayoría de las veces porque la experiencia anterior no fue buena (fue un parto muy largo, complicado, con un desenlace dramático…).
En estos casos, es importante superar ese miedo, y pedir ayuda a un especialista si es necesario. Todos los médicos coinciden en aconsejar que concurran a los cursos de preparación para el parto en cada embarazo. En estas clases, la gestante aprende que no todos los partos son iguales y que la experiencia negativa no tiene por qué repetirse. Además, seguir un curso de educación maternal es conveniente siempre, entre otras razones, para recordar conocimientos que pueden haberse olvidado (por ejemplo, sobre relajación y respiración).
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Se vive con menos miedo
En la evolución del parto no intervienen sólo factores físicos. Esta puede verse favorecida o perjudicada por aspectos psicológicos (está demostrado que los sentimientos y estados de ánimo influyen
mucho en el proceso fisiológico). Normalmente, cuando se trata del segundo parto, la mamá se enfrenta a esta experiencia con menos inquietud y más seguridad; no tiene el típico temor a lo desconocido de las primerizas (ya sabe qué va a ocurrir).
La tranquilidad de la madre repercute positivamente en la marcha del parto, que no se va a ver interferido por la aparición de las catecolaminas que produce el organismo cuando se tiene miedo. La serenidad también ayuda a que la parturienta pueda respirar mejor. Eso favorece una correcta oxigenación, que resulta beneficiosa tanto para los músculos (si están oxigenados se contraen mejor), como para el bebé.
Por su parte, los papas también suelen asistir al nacimiento del segundo hijo menos nerviosos y más confiados. Y según las mamas, pueden ayudar mucho más que la primera vez.
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¿Y si es muy lento?
Aunque ninguna mujer desea tener un parto que avance despacio, lo cierto es que no es algo tan horrendo. Si bien estos nacimientos resultan un poco más pesados y agotadores, mientras se confirme que el proceso avanza y el bebé se encuentra bien, no implican riesgo.
¿Puede hacer algo la gestante para acelerar el parto? En realidad, no demasiado. Sólo tranquilizarse y caminar un
poco. Al parecer, caminar acelera la dilatación de forma natural. Además, algunos hospitales disponen de monitores especiales que permiten a la parturienta incorporarse y dar unos pasos. Si no puede pasear, es preferible que permanezca sentada.
Pero cuando pasan las horas y el nacimiento no avanza, el médico tiene que intervenir. Debe realizar el diagnóstico sobre cuál es la causa del trastorno. No pueden hacerse indicaciones generales: la experiencia del obstetra decidirá cuál es el camino que se debe seguir.
En cualquier caso, sea cual sea la duración de éste, la experiencia suele resultar igualmente emotiva. Una vez que la mamá tiene al bebé en brazos, las molestias y el cansancio pasan pronto a un segundo plano.
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Un cálculo aproximado El personal que atiende a la parturienta necesita orientarse en el tiempo. Por eso, en cuanto llega al hospital, el obstetra efectúa la primera exploración: verifica si se ha borrado el cuello uterino, su consistencia y posición; además, observa el grado de dilatación, la fuerza e intensidad de las contracciones, y el descenso de la cabeza del bebé. Estos datos representan una referencia importante para averiguar en qué fase del parto se encuentra la gestante.
Posteriormente, el médico continúa realizando revisiones similares de forma periódica. También explica a la embarazada cómo va progresando el parto y cuánto tiempo falta aproximadamente para el período expulsivo.
Para algunas mujeres las contracciones son difíciles de soportar y los minutos les parecen eternos, pero a otras les sucede lo contrario. Si un parto largo resulta tolerable (o incluso indoloro, si se usa anestesia peridural), la protagonista no está tan pendiente del reloj.
La percepción del tiempo es algo personal y depende, en gran parte, del estado de ánimo y la disposición de la gestante. Estos aspectos se trabajan a fondo en los cursos de preparación para el parto. Por eso es importante seleccionar uno de calidad y asistir de forma regular. Las clases ayudan a superar el miedo y son un entrenamiento muy efectivo. La buena formación revierte en nacimientos más llevaderos y de menor duración.
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LAS FASES DEL PARTO
Periodo prodromico (preparatorio)
■ Duración: Varios días.
■ Contracciones: Son irregulares, de poca intensidad e indoloras. A veces desaparecen durante horas y luego vuelven a manifestarse. Se supone que el parto ha comenzado cuando la mujer nota que se presentan de forma regular y no ceden descansando. Entonces, el cuello uterino se habrá borrado y la dilatación será de 2 ó 3 cm.
dilatación
■ Duración: De seis a ocho horas en primíparas (primerizas), y de cuatro a seis en multíparas (ya tienen hijos).
■ Contracciones: Resultan más molestas. Al final de este período el cuello del útero llega a alcanzar su dilatación máxima, es decir, 10 centímetros.
expulsivo
■ Duración: Hasta una hora en madres primíparas,y entre 15 y 30 minutos en multíparas.
■ Contracciones: Se vuelven más intensas y vienen muy seguidas. En este período nace el bebé.
alumbramiento
■ Dura: entre 5 y 10 minutos, que es el tiempo que pasa desde que nace el bebé hasta que sale la placenta.
■ Contracciones: Se producen una o dos, poco después del expulsivo. Son prácticamente indoloras y su finalidad es desprender la placenta de la cavidad uterina.
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Que el parto sea largo o corto depende de las circunstancias fisiológicas, de la preparación de la madre, de su estado de ánimo…
Uno de los deseos más anhelados por la mayoría de las embarazadas es, sin duda, que el bebé tarde poco tiempo en nacer. Pero los partos rápidos no resultan siempre tan fabulosos (ni tan horribles, los lentos) como, a veces, se cuenta. Por fortuna, al margen del tiempo, la llegada del hijo representa siempre una vivencia emocionante y compensa el esfuerzo realizado.
Nadie puede saber con anticipación cuánto va a durar su parto. Cada mujer y cada nacimiento tienen su tiempo. En algunas ocasiones, la dilatación progresa rápidamente y a ritmo constante, y otras se estanca de pronto y luego continúa con normalidad. También cabe la posibilidad de que avance despacio, pero sin interrupción, desde el primer momento.
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Parirás con dolor.. pero no necesariamente
No nos cansaremos de insistir que la mejor forma de tolerar las molestias del parto es la adecuada preparación psicoprofiláctica. Conocer y aprender técnicas de relajación y respiración ayuda a disminuir el temor y el dorar, lo que hace que el parto sea mejor y más natural.
Pero siempre habrá quien requiera algo más para llevarse un buen recuerdo de su paso por la maternidad. La anestesia perídural que ya cumplio sus bodas de plata con la obstetricia, es, sin lugar a dudas, una protagonista de primer plano en la vida de muchas mamas. Debidamente apücada, en forma continua, con catéter, en bajas dosis, por un anestesista
entrenado en obstetricia, la pendura! (o epidural) permite gozar de las sensaciones del parto con una notable disminución del dolor. Mal aplicada, en exceso o por profesionales no habituados a los partos, puede “frenar” el proceso, exigiendo la realización de cesáreas o fórceps, quitando absolutamente el placer de dar a luz a la pobre parturienta. La experiencia propia y la de la literatura es excelente. No debe indicarse nunca de rutina, sólo frente a casos de necesidad. Estos pueden deberse a dificultades para la dilatación del cueto uterino, para el descenso del bebé o simplemente por el estado emocional de la parturienta, que “no puede según- más” frente a lo que para efla es un dolor que quita el placer. Esto es muy subjetivo y tiene ana gran variación. La tolerancia al dolor es algo personal y nadie puede ser juzgado por “los de afuera” cuando decide pedir o aceptar una anestesia epidural. Sin embargo, un poco de paciencia y comprensión por parte del equipo obstétrico y de quienes rodean afectivamente a la futura mamá, evita no pocas veces el llamado al anestesista.
Casi todos ios obstetras tienen un anestesista como parte da su equipo, que legará de inmediato frente a su necesidad. Las maternidades privadas cuentan con equipos de guardia de anestesiología, que también responden rápidamente. En el ámbito público, al igual que en no pocas obras sociales sindicales, la pendura! es un “lujo” reservado para casos
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el trabajo de parto

Desde siempre, la Argentina ha sido pionera en el campo psicosocial, en América latina. No en vano, el psicoanálisis nativo tuvo participación internacional protagónica desde la década del cuarenta y, aún hoy, es -numérica e intelectualmente- destacado en el concierto mundial. De la mano de ese interés particular de nuestros profesionales por considerar que las personas tienen algo más que un cuerpo, muy tempranamente, a principios de los años cincuenta, hizo su entrada triunfal en nuestro país la psicoprofilaxis obstétrica, esto es, la preparación de la embarazada y su pareja para enfrentar el parto y la maternidad-paternidad.
Pioneros como McLean, Koremblit, Morgenroth y tantos otros, se pararon firmes, de pie, y resistieron duramente los embates de la obstetricia tradicional, que seguía considerando a las parturientas como simples envases dentro de los cuales venían al mundo los bebés. Hoy, todo esto es historia antigua: la preparación de la embarazada es casi un ritual, ansiado por las futuras mamas y disfrutado por los futuros papas.
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en el parto

Las ventajas de esta forma de nacimiento son muchas, tanto para la mamá como para el bebé. “Para las mujeres son mejores los partos humanizados porque tienen el respeto que necesitan y salen felices sintiéndose escuchadas. Para los bebés también es mejor porque las parteras no los separan de la mamá y facilitan el amamantamiento. Los partos humanizados traen seres humanos más humanizados “, sostiene la antropóloga norteamericana Robbie Davis Floyd, investigadora y profesora de la Universidad de Texas.
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La ley de Humanización del Parto sancionada el año pasado en la Cámara de Senadores se convirtió en un instrumento más de los derechos de las madres en las empresas de medicinas prepagas, hospitales públicos y obras sociales. Esta contempla el acceso a un parto más natural y el derecho a la información sobre las diferentes intervenciones.
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